Escuela de Padres

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BIENVENIDOS AL TALLER DE
"ESCUELA DE PADRES"

OBJETIVO DE ESTE 'TALLER'

Nuestro principal objetivo no es hacer "Escuela de Padres", sino "Escuela de Personas". Nos basamos mucho en la célebre frase 'Los hijos no aprenden, imitan', lema de "ECCA" -una Escuela de Padres pionera en España-. Para educar, no hay que 'predicar', sino 'ser': en la personalidad de nuestros hijos influye más lo que nosotros somos y vivimos que lo que les decimos a ellos.

En general, los padres suelen acudir a la Escuela de Padres -como a cualquiera de los profesionales o al mismo Colegio-, pidiendo una solución práctica para el problema concreto de su hijo. Hace muchos años, casi todos teníamos ese planteamiento de tratar sobre los casos que los padres planteaban, y dar soluciones y recetas concretas; pero la experiencia nos ha ido convenciendo de que eso es bastante ineficaz.

Ahora intentamos tratar, más bien, los principios generales -psicológicos y pedagógicos, humanos y espirituales-, para que cada persona -padre o madre, en su caso y situación concreta- pueda actuar de forma conveniente. El resolver asuntos personales es más atractivo para los padres, y suele resultar más brillante para el profesional, pero no es, a la larga, efectivo: hay demasiado peligro de convertir las exposiciones en recetas bonitas y rápidas pero ineficaces, en disertaciones eruditas y brillantes para la tranquilidad de los padres, pero muy poco eficaces para la persona de los hijos. Lo que a uno interesa, al otro no; lo que los padres de hijos de una edad ven interesante, los de otras ya lo tienen superado, o no les preocupa todavía.

Y los comentarios en ‘pequeño grupo’, o las intervenciones con preguntas y respuestas de ‘mi caso concreto’ acaban siendo animadas 'tertulias de café', donde todos salen muy ‘contentos’ porque han hablado y se han desahogado; pero, realmente, se aprende y se cambia muy poco. Se dice que se quieren 'cambiar impresiones', pero casi nadie cambia las impresiones que tiene: prácticamente todo el mundo 'sale como entró'.

Un ejemplo que puede clarificar: en general, solemos ir al médico cuando un síntoma nos molesta; pongamos, la tos. Unos padres visitan al médico porque su niño tiene tos; lo más probable es que quieran unas pastillas o un jarabe, para que esa tos desaparezca cuanto antes, a ver si esa misma noche todos pueden dormir bien. Incluso es muy posible que el doctor quiera complacer sus apremiantes deseos, y les dé un jarabe para que salgan satisfechos de su consulta. Sin embargo, si es buen profesional, les dirá: “Esa tos que a ustedes les preocupa debe de estar provocada por alguna infección; vamos a hacerle unas radiografías; le recetaremos un antibiótico, que lo tomará 15 días, para combatir la bronquitis; y verán cómo, en un tiempo, la tos desaparecerá sola.”

¿Los padres preferirían que les diera un jarabe rápido, que la tos desapareciera esa tarde..., pero que la semana siguiente volviera a estar con la misma tos, porque la bronquitis sigue sin curarse? Creemos que no: ¡muy poco tendrían que amar a su hijo para preferir 'poner parches'! Hay que reconocer que la tos es muy molesta, para el que tose y para los que le oyen toser; y que, a veces incluso creemos que no es por nuestra tranquilidad, sino porque el pobre niño tiene la garganta ya muy irritada de tanto toser y le duele mucho.

Pero en educación suele suceder que el ‘antibiótico’ está contraindicado con el ‘antitusígeno’: si te preocupas y quieres poner inmediato remedio al síntoma, es muy probable que no te puedas ocupar eficazmente de investigar y solucionar las causas. Y, en general, la mayoría de los ‘problemas concretos’ que presentan los hijos son ‘síntomas’ de situaciones personales -internas, afectivas, de causas propias o ajenas-, cuyo arreglo sólo se puede pretender a más largo plazo, y analizando factores personales y familiares de más amplio calado.

Siendo sinceros, también hay que reconocer que no pocas veces se ven padres que se engañan con la filosofía de “al menos, mientras esté en casa, que haga las cosas ‘como Dios manda’ (que es una traducción parcial de ‘como a mí me guste’; o incluso de ‘lo que quiero es ¡que no me dé problemas!’).” Todos somos algo egoístas -muchas veces, creyendo que no-, y, al educar, podemos buscar más 'nuestro quedarnos tranquilos hoy', que el bien del niño para el día de mañana. Y -no siempre, pero sí muchas veces- también puede ser incompatible 'preocuparse por el síntoma' y 'ocuparse de la causa': una cosa es ‘solucionar hoy la papeletea’, y otra muy distinta ‘que él sepa lo que vale un peine -aunque hoy todos pasemos un mal rato-, y pueda ser una persona responsable y madura dentro de 30 años’.

Simplificando un poco, se podría afirmar que el plantear e intentar solucionar los ‘casos’ concretos no es para las sesiones comunes del taller de Escuela de Padres, sino para una entrevista personal con el tutor del niño, o, en casos especiales, una consulta con un psicólogo de confianza.

Para educar bien, para hacer que los hijos lleguen a ser personas auténticamente libres y felices, no hay que saber -ni pretender aprender- psicología, no hay que buscar un recetario seguro, fiable y práctico; sino que hay que intentar ser, nosotros mismos primero, personas cada día un poco más maduras, libres y felices.

Aparte de que así intentamos ‘matar dos pájaros de un tiro’: intento hacerme feliz a mí -lo mejor que puedo hacer por mí-, y así contagio felicidad a los de mi alrededor -¡lo mejor que puedo hacer por ellos!-.

Y el 'poner parches' o aliviar síntomas a veces puede ser necesario en determinados casos y dependiendo de la edad de los hijos; pero el verdadero ‘educar’, el ‘ser para contagiar’, es independiente y requiere un trabajo muy lento, ¡lentísimo! Me acuerdo de un cuento de Tony de Mello. Una joven preguntó al Maestro con mucho interés y cierta ingenuidad: “¿Cuándo tengo que empezar a prepararme para educar a mis hijos?” Y el Maestro le contestó malicioso: “Pues como unos quince años antes de tenerlos.”

¿Exagerado? Realmente, no. Se sabe que en la estructura afectiva de un niño, no sólo influye cómo se sienta él tratado, sino cómo percibe la relación afectiva entre los suyos. ¡Y eso no se improvisa!

Es verdad que, usando este procedimiento y sistema en Escuela de Padres, hay gente que ‘se borra’, porque no era eso lo que venía buscando. Aunque también hay mucha gente que logra darse cuenta de que esto es lo mejor, a la larga, para la persona, la pareja y la familia; si bien suele costar un tiempo el convencerse. Nos han educado para ‘darnos a los demás’, ‘hacer felices a todos’, ‘quedar bien’, ‘no quedar mal’, ser complacientes, amables y ‘monos’; y el empezar por ocuparnos de nosotros suele chocar y resultar difícil, costoso, lento y sacrificado: hace falta un verdadero -generoso y desinteresado- amor. Y es que también hay que admitir que muchas veces sentimos, concebimos y usamos 'el amor' de manera equivocada: desde fuera se puede ver que se trata de 'egoísmo pintado de purpurina'.

En cuanto a la manera de dar a conocer nuestro taller de 'Escuela de Padres', a principio de curso, en las reuniones para padres por cursos, en las que se hace una presentación del taller de ‘Escuela de Padres’, animando a todos a apuntarse, tengan los hijos en el curso que los tengan. (Porque a nuestra Escuela puede asistir alguien que no tenga los hijos en este colegio, incluso que no tenga hijos.)

Nuestra "Escuela de Personas" no tiene un programa de contenidos ya hecho: vamos tratando los temas que van surgiendo, bien por iniciativa suya, o por temas puntuales -que surgen de la actualidad del colegio o de la sociedad, o de sus propias preguntas ante lo tratado-, bien por lo que nos va pareciendo que pueden necesitar.

En la sesión del primer día se da el 'calendario' al que no lo tenga, y se pide a 'los nuevos' que dejen el 'e-mail', para poder mandar una FICHA PERSONAL, que será devuelta -también por e-mail- cubierta, con la foto -para poder conocer 'de cara' a todos-, el teléfono y el 'e-mail' -para comunicar los cambios y novedades que pudieran surgir-.

Quien no viene el primer día, pero desea asistir en adelante, puede recoger el calendario en la Recepción del Colegio, o solicitarlo mediante una nota a través del profesor o del mismo niño; y dejar sus datos -incidimos, sobre todo el 'e-mail'- para poder estar en contacto. Y, como se dice al final de esta página, también se puede contactar pinchando 'puedes enviar un mensaje'.

De todas formas, 'no pasamos lista', 'no ponemos falta', se puede venir un día sin avisar, se puede no volver, y se puede invitar a un amigo a quien le pueda interesar.

 

HOJA RESUMEN

Tras las charlas, se suele dar una hoja, que intenta ser -en unas frases- un resumen o esquema recordatorio, para poder hacer los 'deberes para casa': poder seguir dando vueltas al tema tratado, con más calma, comentarlo en pareja y sacar conclusiones propias. Solemos decir que es mucho más importante y eficaz el trabajo de cada uno, que lo que se pueda decir en las charlas.

Copiamos aquí, la que dimos en la primera sesión de cierto curso, porque puede ser clarificadora de todo lo dicho; aunque se repiten algunas cosas ya dichas más arriba:

"Los niños no aprenden, imitan." Es el lema de cierta Escuela de Padres. Los niños son esponjas que se empapan de lo que está en el ambiente. Si quiero que mi hijo sea honrado, lo mejor que puedo hacer es ser yo honrado. Escribe Tony de Mello: "Una mujer preguntó al Maestro: ¿Qué haré para que mi hijo sea feliz?" Y el maestro, con mucha ternura, le dijo: "¡Sea usted feliz!" Es más complicado, pero lo único eficaz. Pasa que queremos soluciones rápidas, recetas sencillas. Y no las hay. Si tienes tos, es fácil que pidas un jarabe. Un buen médico te dirá: ‘Si quiere le doy el jarabe; pero tome un antibiótico, que hay una bronquitis que no me gusta nada. En un mes, está curada la tos."
Los padres, más que educar, contagian. Lo difícil no es educar, es vivir. No es difícil ser buen padre, sino ser 'buena persona'. Si quiero que mi hijo tenga la viruela -por librarlo de un alistamiento peligroso, por ejemplo-, el camino más seguro es tener yo viruela. Lo difícil no es cómo contagiar; sino cómo amo realmente a mi hijo, de manera que no me importe -incluso quiera- tenerla yo, para que él la pueda tener.

Como en algunos exámenes, no nos obedecen y '¡nos copian demasiado!' Los niños no suelen obedecer lo que les pedimos, sino que copian inconscientemente lo que hacemos. Con frecuencia, viendo a un niño andar, actuar, hablar y gesticular, es pasmoso cómo se parece a sus padres (¡por dentro, también!). Muchos profesores y padres se quejan de 'la agresividad de los niños de hoy'. Normalmente, se quejan más los más agresivos.

Los hijos suelen hablar como lengua materna el idioma que se habla en casa. Si quiero que mi hijo hable inglés, lo mejor es hablar inglés en casa. Es más barato y más efectivo que enviarlo a una academia de inglés. Los que realmente quisieran para su hijo el mejor acento, el mejor aprendizaje de esa lengua, más que buscarle un profesor nativo, hablarían entre ellos ese idioma. ¡Y toda la casa saldría ganando! Es importante para el niño que se hable 'el mismo lenguaje' en casa y en el colegio: si en casa se tiene una jerarquía de valores y en el colegio otra distinta, podemos hacerle un daño muy grave.

Los niños no 'necesitan' tanto que les demos cosas, como que les escuchemos, que les demos importancia, ... que perdamos el tiempo con ellos: que 'sientan' que son ellos lo más importante para nosotros. Sus notas, sus actos, su vocabulario tienen importancia; pero, siempre secundaria. ¡Cuidemos que 'lo urgente no impida lo importante'!

Tampoco deberíamos hacernos los protagonistas de la educación: ¡el protagonista es el niño! La mejor educación no es la que a mí me deja satisfecho por lo bien que 'me sale'; por lo bien que 'me quedo' mientras veo al niño en casa o en el Colegio. La educación ideal es intentar que él sea feliz -libre, maduro, comprensivo, responsable-, cuando yo ya no lo vea.Educar es ayudarle a que sea una persona madura dentro de 20 o 40 años. Eso es educar desde el amor.

Me preguntaba una chica: "Pero a mí me han dicho que 'hay que amar a los demás', que 'sólo serás feliz, si haces felices a los demás'; ¿qué es primero?" Y yo le dije: “Si quieres darme 100 pts., ¿qué es lo primero?: ¡tenerlas!"
Si vivo amargado, contagiaré amargura -aunque le diga que sea feliz-; y, si intento ser feliz, contagiaré felicidad.

Nosotros hemos sido educados con una educación 'equivocada', incluida la católica: nos han educado para 'ser buenos', no para ser felices -¡a veces es incompatible!-. La frase de Jesús "Amarás al prójimo como a ti mismo", no es una 'obligación', sino una 'advertencia''Te aviso de que vas a amar a todos como te ames a ti'Y el 'mandamiento del amor' tampoco: nos pueden mandar muchas cosas, pero nadie te puede mandar que ames -sobre los sentimientos no se manda-. ¡El amor es ‘el camino’ para ser feliz!

Dice el psicólogo -muy recomendable para mi gusto- Antonio Blay: "Voy a intentar llevarme bien conmigo, y los demás también saldrán ganando". Puede parecer egoísta, pero es lo más altruista: 'lo más eficaz que puedo hacer por mi hijo es hacerme feliz a mí'. Aunque mi hijo no me copiara, yo he hecho lo mejor para mí . . . ¡y para él!

Los cristianos creemos y afirmamos que "Dios es amor", y que la voluntad del Padre es que yo sea feliz: entonces haré felices a los demás. Lc. 2, 14: "Y en la tierra paz a los hombres porque Dios los ama". 1 Juan 4, 20-21: "El que ama a Dios ame a su hermano" (¡y antes a él mismo!). Ser cristiano es sentirse amado incondicionalmente y contagiar esa experiencia.

Por todo esto, nuestro Taller de "Escuela de Padres" no se ocupa de dar consejos concretos y prácticos para que un padre sepa qué decir o hacer en un caso personal: eso hay que tratarlo en cada caso con el tutor o el psicólogo. Tratamos temas y principios generales, para que el que venga aprenda a ser más persona: coherente, consciente, maduro y feliz. ¿Te apuntas?
Y dos cosas finales importantes: "Hoy es el primer día del resto de tu vida", decía Shakespeare; tienes toda tu vida para aprender, cambiar, empezar. Y la otra: no tiene que cambiar nada por fuera; ni tienes que variar tu trato con los demás, ni a ti se te tiene que 'notar' nada: es un trabajo personal, es cuestión de un 'chip' interior 'sólo'.

-"Entonces, ahora ¿qué hay que hacer?" -"Por fuera, ¡NADA!"

 

 


A lo largo del curso intentamos juntos esta apasionante aventura: conocernos, aceptarnos y querernos a nosotros mismos, para así -sólo así es posible- contagiar algo positivo a las personas que nos rodean. Dice el citado Antonio Blay: "Una vida sólo es plena, si 'se pierde' media en encontrarse con uno mismo, para poder dedicar la otra media a encontrarse con los demás".

¡¡¡ANÍMATE!!!


DÍAS DE REUNIÓN

Una sesión, el segundo jueves de mes, aunque dependiendo de vacaciones u otras incidencias. 

SESIONES 2017 –  2018:

2017: 19, X; 16, XI; 14, XII. 2018: 18, I; 22, II; 15, III; 19, IV; 24, V; 21, VI.

HORA DE REUNIÓN

8:00 de la tarde, hasta las 10. Intentamos ser puntuales para acabar.

LUGAR DE REUNIÓN

"Centro Loyola". En el aparcamiento, frente a la iglesia.

METODOLOGÍA

Se suele seguir la siguiente: exposición del tema (una hora 'amplia'), se da la 'hoja-resumen', se deja un tiempo para leer y reflexionar, y se comentan impresiones, dudas, ruegos y preguntas (el tiempo y el modo varía, según la inspiración, pero siempre intentamos acabar a las diez.).

PARTICIPANTES

Personas con interés de crecer (no hace falta tener hijos en este Colegio -¡ni tener hijos!-; sólo hay que tener ganas de ser persona).

TEMAS PARA TRABAJAR

Formación y crecimiento de la persona: conocimiento, aceptación y aprecio de sí mismo; comunicación y diálogo, tolerancia; espiritualidad, felicidad, amor, Dios ... Porque debemos intentar vivir, primero, nosotros las mismas cosas que decimos a nuestros hijos.
En todo momento se admiten sugerencias de 'los alumnos' sobre temas, cambios, modos, . . .
(Si te interesa, puedes preguntar a alguien que asistiera en algún curso pasado.)

 

El Director de este Taller de "Escuela de Padres" es

Fernando Moreno Muguruza, s.I.

 



Para más información o cualquier sugerencia, puedes enviarle un mensaje

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